Inflamación y fertilidad: El factor que casi nadie evalúa antes de intentar concebir.
A continuación hablaremos de un tema poco común y poco mencionado, pero profundamente estudiado dentro de la etapa de fertilidad.
Es un hecho que la fertilidad y el proceso de concepción están influenciados por múltiples factores. Entre los más conocidos se encuentran los hábitos diarios, el estilo de vida, la alimentación, la actividad física y la ausencia de vicios. También juega un papel fundamental la salud mental, el manejo adecuado del estrés y la ansiedad, así como el equilibrio emocional.
En algunos casos, la fertilidad puede verse afectada por factores genéticos o condiciones patológicas. En otros, interviene no solo la salud reproductiva de la mujer, sino también la del hombre. La concepción es un proceso compartido, complejo y profundamente multifactorial.
Cada uno de estos factores ha sido ampliamente explorado e investigado. Sin embargo, existe uno del que poco se habla en conversaciones cotidianas, pero que la ciencia ha estudiado con creciente interés: la inflamación crónica de bajo grado como posible causa de infertilidad.
Dentro de este contexto aparece un concepto clave: el inflamasoma y entenderlo puede cambiar la forma en que comprendemos la fertilidad.
Cuando hablamos de infertilidad solo pensamos únicamente en hormonas, ciclos irregulares o calidad espermática. Sin embargo, la infertilidad es reconocida como una enfermedad del sistema reproductivo, tanto femenino como masculino, y se diagnostica cuando, después de un año de relaciones sexuales frecuentes sin anticoncepción, no se logra un embarazo. Detrás de ese diagnóstico casi nunca existe una sola causa; más bien, es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí.
La edad es uno de los elementos más conocidos. A partir de los 30 años la fertilidad femenina comienza a disminuir de forma progresiva debido al envejecimiento ovárico ya la reducción en la calidad de los óvulos. Pero la edad no lo es todo, El entorno también influye: el estrés crónico, la exposición a contaminantes, el consumo de sustancias tóxicas e incluso los trastornos del estado de ánimo pueden alterar el equilibrio hormonal y afectar la función reproductiva.
Las infecciones de transmisión sexual representan otro factor importante, ya que pueden provocar daño e inflamación persistente en los órganos reproductivos. A esto se suman condiciones como la endometriosis, el SOP (síndrome de ovario poliquístico), el envejecimiento ovárico prematuro o el aborto espontáneo recurrente. Aunque parezcan diagnósticos distintos, comparten un denominador común: en todos ellos la inflamación tiene un papel relevante.
Existen distintos tipos de inflamasomas, pero uno de los más estudiados es el NLRP3. Cuando su activación es adecuada, contribuye a la defensa del organismo. Sin embargo, si se activa de manera excesiva o desregulada, puede desencadenar una cascada inflamatoria desproporcionada.
Este tipo de desequilibrios se ha relacionado con diversas enfermedades inflamatorias que afectan directamente la fertilidad. Por eso es necesario poner atención más allá de los factores comunes, a factores que influyen y pueden ser mejorados con el tiempo. Comprender el papel del inflamasoma y de los procesos inflamatorios nos permite ampliar la mirada y abordar la infertilidad desde una perspectiva distinta, donde cuidar el entorno celular puede llegar a ser tan importante como atender los factores hormonales y estructurales.
